Narrador omnisciente
costumbre en la cafetería. El aroma a café, que siempre solía reconfortar a Lisa, no lograba hacerle efecto. Cada cosa que tocaba —una taza, una bandeja, la caja registradora— tenía un temblor imperceptible que solo ella notaba.
Rafa la observaba desde detrás del mostrador. No insistía. La dejaba trabajar. Pero había algo en sus ojos que la inquietaba: una especie de mezcla entre preocupación, cariño y preguntas no dichas.
Finalmente, cuando el local quedó momentánea