Narrador en tercera persona
La luz blanca del techo fue lo primero que vio. Luego un pitido suave, rítmico. Después, la sensación incómoda de tener los labios secos y la cabeza pesada, como si le hubieran puesto una manta húmeda encima.
Lisa parpadeó varias veces hasta que la habitación dejó de moverse.
La cama era dura. La frazada áspera. Y el olor a desinfectante le raspaba la garganta.
Se giró un poco.
Alguien estaba sentado en una silla, inclinado hacia adelante, la cabeza entre las manos.