Narrador omnisciente
La noticia cayó como un puñetazo en el estómago. Mateo entró con la respiración agitada, el celular todavía vibrando en su mano, y pronunció las palabras que Lisa jamás habría querido escuchar.
—El alfa… se licenció. Renunció.
—¿Qué? —Lisa sintió que la garganta se le cerraba de inmediato—. No. Eso no puede ser.
Mateo tragó saliva, incómodo, y repitió con un tono más bajo, como si suavizar la palabra pudiera cambiar su significado.
—Cristian abandonó la manada.