Lisa
Ese día comenzó con un sobresalto que me heló la sangre. La secretaria me llamó a dirección y sentí que el estómago se me encogía. Caminé por los pasillos con pasos lentos, como si cada zancada fuera un recordatorio de que algo estaba a punto de romperse. Al llegar, me indicaron que me sentara frente al director. Su expresión era seria, demasiado seria para lo que esperaba.
—Señorita Morre —empezó—, debido a ciertos ajustes internos en la universidad, nos vemos obligados a reducir su be