Lisa
No tenía intenciones de salir esa noche. Después de todo lo que había pasado, lo único que quería era encerrarme en mi cuarto y no hablar con nadie. Pero Stephanie nunca aceptaba un “no” como respuesta.
—Vamos, Lisa, te va a hacer bien distraerte un poco —insistió, cruzada de brazos frente a mi cama—. Prometo que no va a ser nada raro, solo gente, música y algo de comida.
—No tengo ganas, Steph —repetí por cuarta vez.
—Justamente por eso. Si te quedás acá, vas a seguir pensando en lo que n