El sonido del timbre escolar volvió a marcar el comienzo de la mañana.
Por primera vez en meses, Lautaro cruzaba las puertas del colegio con la mochila colgada al hombro y el uniforme bien planchado.
El murmullo de los alumnos llenaba el patio: risas, pasos, conversaciones rápidas, pelotas rebotando contra las paredes.
Todo parecía igual, pero él sabía que nada lo era.
El sol apenas comenzaba a levantarse, bañando los ventanales con una luz cálida.
Cada paso que daba por los pasillos le recorda