Era la mañana previa al partido, y Lautaro despertó mucho antes de lo esperado. Apenas abrió los ojos, sintió ese cosquilleo en el estómago que tenía desde que había llegado a Lima, Perú. El sueño de jugar un torneo internacional estaba a punto de comenzar, pero no podía dejar de pensar en todo lo que dejaba atrás: Jenifer, Erica y Gabriela, que vivían juntas ahora. Aunque estaban protegidas por la policía, la amenaza de la Rusa seguía flotando como una nube negra.
Revisó el celular y encontró