El cielo estaba cubierto de un gris uniforme que parecía haber absorbido toda la luz del día. Era miércoles. Faltaban apenas dos días para la gran final del torneo, pero la tensión que envolvía la ciudad ya no se debía solamente al partido.
Agustina caminaba rápido por la vereda. Su mochila colgaba de un hombro, y sus ojos se movían nerviosos entre los autos que pasaban y los rostros que encontraba en la calle. Había dormido mal. Desde la charla que tuvo con Lautaro, algo dentro de ella no deja