Faltaban cinco días para la final del torneo, pero para Lautaro, el fútbol había pasado a un segundo plano. Cada minuto libre que tenía lo dedicaba a estar con Jenifer en el hospital, o a seguir de cerca la investigación sobre el brutal asesinato de sus padres. El dolor todavía estaba fresco, el vacío presente. Y aunque los entrenamientos continuaban, él entrenaba por inercia. Su mente estaba en otro lugar.
Esa tarde, Sergio se acercó a él después de la práctica.
—¿Cómo estás llevando todo, Lau