La Convocatoria
Dos días después, el aire en la sala de estar de la imponente casa de Leticia estaba cargado de un silencio opresivo. La mujer, cuyo rostro solía mostrar una altivez impecable, ahora estaba pálida, las líneas de su angustia y su furia grabadas profundamente alrededor de su boca. Uno de sus seguidores más leales, un hombre llamado Darío, acababa de llegar con noticias que habían hecho que el suelo se moviera bajo sus pies.
—Leticia —dijo Darío, su voz era un susurro tenso— El men