Silas dejó a Lorena sumida en su rencor con la promesa de un plan concreto y la instrucción de esperar.
—Pronto tendrás noticias mías, hermana —le dijo, su voz goteando una falsa solidaridad, mientras se dirigía a la salida de la cabaña.
Una vez fuera su expresión de preocupada complicidad se disolvió al instante, reemplazada por una calculadora neutralidad. Caminó por el claro principal, donde el ambiente aún vibrante con la alegría por la noticia de los cachorros, saludando solo aquellos qui