Miriam jadeó, abriendo los ojos de golpe. Estaba temblando violentamente, las lágrimas corriendo por sus mejillas. El horror de lo que había visto la atenazaba.
Al mismo tiempo, Axel dio un paso atrás, llevándose una mano al pecho. Su rostro estaba desencajado por una oleada de terror ajeno, de rabia impotente y un dolor desgarrador que no era suyo. Había sentido el eco de las emociones de Miriam durante la visión. Sus ojos, llenos de pánico y furia, se encontraron con los de ella.
Sin una pala