Horas después, cuando el sol ya iniciaba su descenso hacia el horizonte, la cabaña de Vincent y Lara se había transformado en un remanso de paz agotada pero profunda. El eco de la batalla aún resonaba en los músculos y en las memorias, pero el ambiente era de una calma reconstituyente.
Vincent estaba junto a la ventana, observando el bosque que, por primera vez en mucho tiempo no ocultaba amenazas. Lara, sentada en el sofá con una manta sobre las piernas, tenía una mano apoyada en su vientre y