Ella se separó solo unos centímetros, sus ojos brillaban con una chispa de travesura y una profundidad que no estaba allí antes.
—¿Sabes una cosa, Axel? —dijo, su voz era un susurro juguetón que contrastaba con la tensión en su cuerpo, inhaló profundamente, como para probar su punto—Nosotras... supimos quién eras desde el primer día. Tu olor no nos alertó. Nos calmó. En medio de la oscuridad y el pánico en casa de Kaila, tu aroma fue lo único que nos trajo un atisbo de paz.
Su sonrisa se suaviz