Miriam
Las palabras de Axel resonaban en el silencio de mi mente, encontrando eco en rincones de mi alma que hasta ahora no me había atrevido a explorar. Omega. La palabra ya no sonaba a mito, sino a una clave que destrababa el misterio de mi propia existencia desde el cambio. No era un error, no era una maldición. Era un propósito. Y ese propósito, de alguna manera visceral, estaba inextricablemente ligado a él.
Mientras lo observaba su figura poderosa llenando el espacio, no pude evitar deja