Miriam
La tensión estratégica se rompió con la misma rapidez con la que había llegado. Había reclamado mi lugar en la guerra que se avecinaba, y la solemne aceptación de Axel me había llenado de una determinación feroz. Pero ahora, en el silencio que seguía, la realidad doméstica de la cabaña volvía a imponerse, y con ella, un viejo hábito que ni la transformación en tigresa parecía haber erradicado.
Una sonrisa pícara, la primera genuinamente juguetona desde hacía mucho tiempo, se dibujó en mi