El viñedo despertaba con un murmullo suave de hojas mecidas por la brisa matutina, y el aroma de tierra húmeda mezclado con la dulzura de las uvas maduras llenaba el aire. Rose ajustaba los planos sobre la mesa portátil, repasando cada línea y cada trazo con la precisión que la había convertido en arquitecta. Sus dedos trazaban mentalmente cada sendero, cada curva, cada detalle de la propuesta de rediseño, mientras su corazón insistía en distraerla con pensamientos de Alessandro.
—Rose, ¿puedo