La llamada llegó entrada la noche, cuando Rose ya se había puesto cómoda con una taza de té entre las manos. El nombre de Stefan iluminó la pantalla de su teléfono, y un cosquilleo de nostalgia le recorrió el cuerpo antes de responder.
—¿Stefan? —dijo, sorprendida.
—Rose —contestó él, con aquella voz que mezclaba confianza y cierta emoción contenida—. Perdona que te llame a estas horas, pero necesito pedirte algo importante.
Ella sonrió con ternura. Siempre había sido así: impulsivo, apasionado