Esa noche, después de la visita al viñedo, Alessandro no pudo dormir. Se había repetido mil veces que el encuentro con Rose sería puramente profesional, que lo controlaría todo, que ella ya no significaba nada. Pero su mente no dejaba de girar alrededor de la imagen de ella explicando el proyecto con aquella seguridad serena. No era la misma muchacha que había tenido que proteger en el hospital, la que miraba con ojos llenos de dudas y sentimientos. Ahora se mostraba entera, firme, inaccesible.