CAPÍTULO 109.
Capítulo 109
El Hospital Metropolitano de noche era un lugar que drenaba la energía de cualquiera, pero la Unidad de Cuidados Intensivos era, en esencia, un limbo. El silencio artificial solo interrumpido por el pitido de los monitores. Para Miguel, ese sonido se había convertido en el latido de su propia vida. Si el ritmo cambiaba, su mundo se detenía.
Llevaban horas allí. Guzmán se mantenía como una estatua en el pasillo, ignorando las miradas de las enfermeras que no estaban acostumbradas a