CAPÍTULO 127.
Capítulo 127
La noche sobre la mansión había caído con una suavidad inusitada, como si el mismo cielo hubiera decidido bendecir el evento con un manto de estrellas despejadas. El aire, lejos de enfriarse, se mantenía templado, cargado con el aroma de las flores que seguían frescas, desafiando el paso de las horas.
En el jardín, la música ya no era el hilo conductor de la ceremonia, sino el combustible de una celebración que empezaba a cobrar vida propia. Las luces de las guirnaldas, que, colga