CAPÍTULO 126.

Capítulo 126

El día amaneció con una claridad que parecía sacada de un sueño, una luz tan pura que lograba limpiar, incluso visualmente, cada rincón de la mansión.

No había rastro de nubes en el horizonte; el mar, que tantas veces había observado la tensión y el miedo de sus ocupantes, ahora se extendía como una alfombra de seda azul, sereno y cómplice de la celebración.

Para Miguel y Sofía, el despertar fue distinto. Por primera vez en años, el amanecer no trajo consigo el instinto de alerta
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