CAPÍTULO 129.

Capítulo 129

El tiempo, ese juez implacable que durante años solo había medido los segundos de supervivencia, se había convertido por fin en un aliado paciente. Los meses se deslizaron como la marea sobre la arena de la costa.

En la casa de la playa, la vida había adquirido un ritmo que Miguel, años atrás, habría considerado imposible. Ya no despertaba con la mano sobre la empuñadura de un arma, sino con la luz del sol filtrándose por las cortinas y el sonido de Gael riendo en el jardín.

La agr
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