La herida aún dolía, pero afortunadamente no había sido tan grave. Cada día me sentía un poco mejor. Ya estaba de regreso en casa. Intenté caminar con normalidad de mi habitación a la sala, pero según los doctores el dolor era normal. Me coloqué el saco negro y los zapatos con ayuda de Alicia.
―¿Estás seguro de que quieres regresar a trabajar hoy?
―Sí, no soporto estar encerrado un día más…
Lo único que quería era ver a Samantha. Estaba evadiendo mis llamadas, mis mensajes. No podía dejar que p