Terminé la llamada con Liam y aunque había sentido una enorme alegría por ese correo, era absurdo aceptar, por más que las condiciones fueran diferentes.
―¿Qué sucedió? ―dijo mi tía al verme llorar―. ¿Quién te llamó?
No quise responderle nada y me retiré a la que era ahora mi habitación. Ya no tenía una para mí de verdad. Me recosté algunas horas y volví a bajar. Mi tía estaba limpiando la sala. Me detuve frente a ella y me recosté en el marco de la puerta.
―Es una larga historia―Le dije en res