Apartamento de Andrea Rossi. Salón principal. Horas después.
La pantalla de la videollamada ocupaba la pared central, iluminando con su resplandor azulado los rostros de los tres hombres que se habían reunido en el salón. Dalia estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados en las rodillas. Andrea, a su lado, tenía los dedos entrelazados sobre el estómago y la mirada fija en la pantalla.
Lucas, desde su puesto de control en la mesa del comedor, gestionaba la conexión.