El sol se ponía tras las naves industriales en desuso, tiñendo de naranja y púrpura el horizonte. El lugar era un descampado al este de la ciudad, elegido por Draco por su visibilidad: no había edificios altos desde donde colocar francotiradores, ni callejones para emboscadas. Solo hormigón, hierba seca y el viento frío de la tarde.
Dos vehículos llegaron casi al mismo tiempo. El coche negro de Andrea se detuvo a un lado del descampado. Una camioneta blindada, también negra, se aparcó al otro.