Andrea se volvió hacia Damián y Lucas.
—Salgan. Necesito hablar con la señorita Scott a solas.
Damián dudó un instante, pero obedeció. Abrió la puerta y salió, estirando las piernas. Lucas lo siguió, llevándose el portátil. Se alejaron unos metros, hacia la entrada del aparcamiento, donde la luz gris del día dibujaba un rectángulo pálido en el suelo de cemento.
El coche quedó en penumbra. Solo dos siluetas en el asiento trasero.
Andrea se giró hacia Dalia. La luz tenue de las fluorescentes l