Interior del coche. Minutos después.
El vehículo se deslizaba por las calles de la ciudad, con los cristales ahumados que ocultaban a sus ocupantes de las miradas indiscretas. El silencio dentro era denso, roto solo por el rumor del motor y el tecleo de Lucas, que iba en el asiento del copiloto, con el portátil abierto.
Damián conducía, atento al tráfico. Andrea iba en el asiento trasero, junto a Dalia, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el paisaje urbano.
Dalia lo miró. Sabía que d