El valle se extendía ante ellos como una herida abierta en la tierra, un paisaje desolado que parecía no pertenecer ni al mundo de los humanos ni al de los dioses. Las sombras parecían moverse por su cuenta, y el aire estaba impregnado de un frío antinatural que se aferraba a la piel. Cada paso que Kael y Poseidón daban resonaba en el silencio, como si las piedras bajo sus pies estuvieran susurrando advertencias inaudibles.
Kael observó el terreno con una mezcla de fascinación y temor. Las colu