La caminata hacia las montañas se hacía más ardua con cada paso. El aire era más frío, y la niebla que cubría el sendero se movía como una criatura viva, envolviendo sus piernas y reduciendo su visibilidad a apenas unos metros. Cada roca parecía una amenaza para torcer un tobillo, y el peso de sus pensamientos hacía que el trayecto pareciera interminable.
Lyros avanzaba detrás del grupo, sus pasos más ligeros pero también más cautelosos. Sus ojos oscilaban constantemente entre el terreno frente