El amanecer comenzó a romper el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados que parecían demasiado pacíficos para la tensión que reinaba en el claro. Hércules estaba de pie junto a un árbol, afilando su espada con movimientos mecánicos mientras sus ojos permanecían fijos en un punto indefinido. Afrodita, sentada cerca de Ethan, lo observaba de reojo, percibiendo la ira contenida en el semidiós.
Poseidón había tomado una posición vigilante, caminando alrededor del claro con su tri