El claro al que habían escapado estaba rodeado por árboles altos y densos, cuyas ramas entrelazadas parecían formar un techo natural que apenas dejaba pasar la luz de la luna. Aunque el lugar estaba lejos del caos del templo, el aire seguía cargado de una inquietud palpable. Cada crujido de las hojas o susurro del viento parecía un recordatorio de que no estaban realmente a salvo.
Hércules caminaba en círculos, cada paso resonando como un eco de su frustración. La espada descansaba en su mano d