La voz resonante que los había recibido al cruzar el umbral del templo aún vibraba en sus oídos, como si las palabras hubieran quedado suspendidas en el aire. Afrodita y Ethan avanzaron con pasos cuidadosos, sus miradas escudriñando cada rincón de aquel lugar. Las inscripciones doradas brillaban con una intensidad que parecía respirar, como si el templo mismo estuviera vivo.
El silencio era denso, pero no opresivo. Más bien tenía un peso que les recordaba que estaban entrando en un lugar que de