La explosión de sombras no solo oscureció el ambiente, sino que pareció robarles el aliento a Lyros y Dorian. Cada rincón de las ruinas quedó envuelto en una penumbra viva, como si las sombras mismas respiraran y conspiraran contra ellos. Lyros levantó su escudo instintivamente, protegiéndose del embate inicial, mientras sentía el frío de las ondas oscuras atravesar su armadura.
Dorian, más ágil, rodó hacia un lado, desenfundando sus dagas en un movimiento rápido. La distorsión en el aire hizo