El aire en el piso 40 de la Torre Sterling era tan escaso que Aria sentía que sus pulmones se llenaban de astillas de hielo.
Las puertas dobles de caoba se cerraron tras ellos con un sonido definitivo, como la losa de una tumba, Frente a la mesa ovalada, diecisiete rostros endurecidos por el dinero y el cinismo los esperaban.
En el centro, Silas Sterling, el abuelo de Killian, parecía un ídolo de piedra antigua, con sus ojos amarillos fijos en su nieto, y a su derecha, Bianca y Arthur Valmont l