Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en la sala del Tribunal Supremo de Nueva York se había vuelto irrespirable.
El juez Miller ya sostenía el mazo, ese pequeño martillo de madera que tenía el peso de una guillotina para los Vanderbilt.
Harrison, de pie en el banquillo de los acusados, parecía haber envejecido diez años en los últimos diez minutos, sus hombros, antes anchos y orgullosos, se hundían bajo el peso de una derrota que parecía inevita







