El amanecer no trajo alivio, solo incertidumbre. Las nubes sobre el Valle del Eco se movían con lentitud ominosa, como si la propia naturaleza esperara a que el equilibrio se rompiera.
Serena caminaba sola por el bosque que rodeaba el templo de los antiguos alfas, envuelta en su manto ceremonial, aunque ya no se sentía como la Reina Alfa de antes. Desde que la verdad de Kael había salido a la superficie, algo dentro de ella temblaba… no de miedo, sino de vacío.
Las voces del consejo habían sido