El bosque se había convertido en un laberinto hostil. Los aullidos de la manada de Derek resonaban cada vez más cerca, cortando el aire como cuchillas. Corrían sin descanso. Natalia llevaba a Eldrin en brazos, quien permanecía extrañamente silencioso, observando todo con esos ojos demasiado antiguos.
Bryan iba al frente, pero su paso era irregular. La voz del Progenitor ya no susurraba… rugía.
«Tienes hambre. Tienes sed de sangre. Detente de huir como un cobarde.»
—No… —gruñó Bryan entre diente