La figura de Bryan terminó de ser devorada por la penumbra del bosque. Natalia permaneció en el suelo húmedo, abrazando las rodillas contra su pecho mientras los sollozos rasgaban su garganta. El frío de la noche comenzó a filtrarse por la ropa desgarrada, pero el frío en su interior era invencible.
Eldrin la observaba en silencio, con esa calma sobrenatural que helaba la sangre.
—Tenemos que movernos —dijo el niño. Su voz ya no sonaba distante como antes; había una urgencia calculada en ella—.