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Capítulo 2: El Pacto de las Sombras

El estruendo de la magia de Natalia aún vibraba en los oídos de Bryan cuando sus garras tocaron la tierra húmeda. El dolor de la transformación se había transformado en una descarga de adrenalina pura. Ya no veía el mundo con colores humanos; ahora todo era calor, aroma y vibración.

Frente a él, el lobo negro que era Derek se sacudió el polvo, sus ojos amarillos fijos en Natalia con una mezcla de sorpresa y furia contenida. Los otros dos lobos de la manada retrocedieron, intimidados por el destello de luz que aún emanaba de las manos de la chica.

—¿Qué eres? —el gruñido de Derek resonó en la mente de Bryan, una comunicación telepática que solo los de su especie compartían.

Bryan se interpuso entre el Alfa y Natalia, soltando un rugido que hizo que las hojas de los árboles temblaran. Su cuerpo era más esbelto que el de Derek, pero su pelaje blanco plateado brillaba con una luz propia, la marca de un linaje que no debería existir.

—¡Déjala en paz! —respondió Bryan mentalmente, sorprendido de su propia autoridad.

Derek dio una vuelta lenta, rodeándolos como un tiburón en aguas profundas. —Un Sangre Pura defendiendo a una bruja del linaje de los Rastreadores… —Derek volvió a su forma humana con una agilidad aterradora, quedando desnudo y cubierto de cicatrices antes de cubrirse rápidamente con una capa que colgaba de una rama cercana—. Eldoria está más podrida de lo que pensaba.

Natalia dio un paso al frente, bajando las manos, aunque el aire a su alrededor seguía cargado de estática. —No es una bruja cualquiera, Derek —dijo ella con una firmeza que Bryan no conocía—. Soy la que mantiene el sello de este bosque. Si matas a Bryan, el equilibrio se romperá y los humanos entrarán con fuego y hierro. ¿Es eso lo que quieres para tu manada?

Derek apretó la mandíbula. El odio que sentía por Bryan era evidente, pero las palabras de Natalia parecían tener un peso legal entre ellos. Miró a Bryan, quien seguía en su forma de lobo, con los colmillos al descubierto.

—El chico es una bomba de tiempo —sentenció Derek—. No sabe controlar lo que lleva dentro. En su próxima luna llena, destruirá todo lo que ama, incluida a ti, humana.

—Por eso se quedará conmigo —intervino Natalia, lanzando una mirada a Bryan que le erizó el pelaje—. Y contigo también.

Bryan regresó a su forma humana, cayendo de rodillas, agotado. El frío del bosque lo golpeó de golpe. Natalia lo cubrió con su chaqueta de inmediato. —¿Qué quieres decir con que me quedaré con ambos? —preguntó Bryan, con la voz rota.

—Derek tiene la fuerza y el conocimiento de la manada. Yo tengo el conocimiento del sello —explicó Natalia, mirando alternadamente al Alfa y al joven—. Si quieres sobrevivir a la profecía que acabas de activar, Bryan, debes aprender de ambos. Un pacto de sangre. El Alfa lo protegerá de los cazadores de mi familia, y yo protegeré a la manada de la locura que crece en el bosque.

Derek soltó una carcajada amarga. —¿Un pacto? ¿Con el hijo de mi peor enemigo y la mujer que me ocultó su identidad?

—Es eso, o ver cómo Eldoria arde —desafió Natalia.

El silencio volvió a reinar. Bryan miraba a Derek, el hombre que hace un momento quería arrancarle la garganta, y luego a Natalia, la mujer de la que estaba enamorado y que resultaba ser una "rastreadora". Todo era una mentira, pero el peligro era real.

Derek caminó hacia Bryan, deteniéndose a pocos centímetros. Su presencia era sofocante, cargada de un poder antiguo. —Acepto el pacto —dijo Derek, bajando la voz hasta un susurro que solo Bryan pudo oír—. Pero recuerda esto, cachorro: el bosque solo tiene espacio para un Alfa. Natalia cree que puede salvarnos a ambos, pero antes de que termine el invierno, uno de nosotros tendrá que morir por ella.

Derek se dio la vuelta y desapareció entre los árboles sin mirar atrás. Sus lobos lo siguieron como sombras.

Natalia ayudó a Bryan a levantarse. Él la apartó suavemente, con la desconfianza brillando en sus ojos. —Me usaste para llegar a él, ¿verdad? —preguntó Bryan.

Natalia no bajó la mirada, pero una lágrima corrió por su mejilla. —Te busqué por deber, Bryan. Pero me quedé por amor. Y ahora, he condenado a los tres a un destino del que nadie ha escapado jamás.

Justo cuando Bryan iba a responder, un crujido metálico se escuchó en la distancia. No era un lobo. No era magia. Era el sonido de un arma siendo amartillada.

—Ya están aquí —susurró Natalia, mirando hacia los límites del bosque donde luces de linternas comenzaban a parpadear—. Mi familia ha encontrado el rastro.

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