La alarma del teléfono celular de Killian resonó por la habitación, abrió los ojos lentamente y observó que los rayos del sol se estaba filtrado a través de las ventanas. De día o de noche las vistas de la ciudad eran hermosas. Se desperezó un poco, y su gran cuerpo caliente rozó con las sábanas de algodón egipcio, sin querer extendió la mano y sintió el frío y el vacío. Recordó en ese momento que había llevado a Olivia al ático, y la había dejado en la habitación de invitados.
De manera inmed