Volviendo a la manada.
ALFA RHYDAN
El pasillo hacia mi despacho olía distinto. Después de todo lo que había pasado —Zarina, Aris, Laurenth, Kael— hasta las paredes me parecían ajenas. Empujé la puerta con fuerza, listo para hundirme en mi silla y no salir en horas, pero me detuve en seco.
De espaldas a mí, un hombre alto, hombros anchos, cabello rubio recogido en una coleta, miraba por la ventana. Su aroma me golpeó antes de que se girara: madera, lluvia y hierro. Era imposible no reconocerlo.
Se volvió y sonrió con e