Tomás Black
La noche todavía estaba fresca cuando me senté frente al fuego y llamé a Demian. No podía perder ni un segundo. Si Rhyd nos necesitaba, no esperaba a que alguien tuviera ganas o espíritu patriótico: lo traía, costara lo que costara.
—Demian, te necesito aquí ahora —dije sin rodeos nada más oír su voz al otro lado—. Rhyd nos necesita. Viene una guerra. Tomas lo primero que encuentres toma el primer vuelo, el primer tren o nadas para llegar, o vienes en carreta; no me importa cómo, p