NO MI CACHORRA
LAURENTH
Dos días habían pasado desde mi coronación. La manada bullía de vida: el pueblo estaba adornado con cintas plateadas y doradas, las mesas largas rebosaban de almuerzos compartidos, y los niños corrían entre las calles mientras músicos llenaban el aire de alegría. Los alfas invitados aún permanecían en el territorio, pues en un par de días se celebraría la Cumbre-Alfa, donde sellaríamos oficialmente los tratados de paz y cooperación.
La gente me felicitaba a cada paso. Mu