ANDREW BLACK
El viaje había sido largo, pero nada se comparaba con la sensación de regresar a casa. La mansión se alzó frente a mí, imponente, como siempre… pero lo que encontré al cruzar las puertas fue algo que me dejó sin aire.
El sonido de una risa infantil.
Me detuve en seco. Lyra. La pequeña corría por el jardín, con sus trenzas saltando con cada movimiento, sus mejillas encendidas de felicidad. Y no estaba sola. Había una mujer junto a ella, persiguiéndola entre carcajadas suaves que pa