LAURENTH
El traqueteo de las ruedas me arrullaba como una canción antigua. Afuera, el bosque se extendía bajo la luz tenue del amanecer, pero dentro del carruaje todo parecía otro mundo. Lyra dormía sobre mi regazo, su cabecita apoyada en mi pecho, con la trenza aún intacta, como si se aferrara a ese pequeño gesto de cariño para sentirse segura. Su respiración pausada, el calorcito de su cuerpecito, me daban una paz que creí perdida para siempre.
Kaelan iba frente a nosotras. Silencioso. Recto.