—¿Estás segura de que quieres ir sola? —preguntó Emily desde el teléfono mientras Valeria acomodaba su bata frente al espejo del vestidor de médicos. Su reflejo mostraba seguridad, pero el nudo en su estómago contaba otra historia.
—Sí —respondió, en voz baja pero firme—. No tengo nada que ocultar. No hice nada malo.
El hospital entero parecía estar en pausa. Como si todos supieran lo que se jugaría en esa sala. El caso de Clara Moretti, la hija de un empresario poderoso, y la decisión quirúrgi