El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando Valeria se dobló sobre sí misma, un dolor agudo recorriéndole el vientre. La respiración se le aceleró en segundos, y el sudor le perló la frente a pesar del frío helado que se colaba desde el lago.
Thiago se despertó de inmediato al escucharla.
—¿Qué pasa?
—Son contracciones… —jadeó, llevándose una mano al vientre abultado—. No es como antes, Thiago… es distinto.
El miedo se mezcló con la adrenalina. Sin pensarlo dos veces, ayudó a Valeria a ves