La sala de juntas no tenía ventanas, pero el aire podía cortarse como mantequilla en espera del veredicto. Afuera, la tensión se sentía en los pasillos: rumores, pasos apresurados, médicos murmurando entre sí. Dentro, Valeria Ríos estaba de pie. Seria. Impecable. Inamovible.
La junta médica había sido convocada de emergencia luego de los hallazgos presentados por Valeria en la audiencia anterior. Pero no estaban solos esta vez.
—Soy el agente especial Gabriel Araújo —dijo el hombre que acababa